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; rn p — 118— de Faraon y su ejército arrojé al mar, y se fueron al profun- do como una piedra. Tu diestra, joh, Sefior! dicen elevan- dose al cielo en sus alabanzas, ha demostrado su fortaleza; has derribado 4 tus adversarios; enviaste tu ira, que los tragé como 4 wna arista: soplaste en tu furor, y se amontonaron las aguas , dettivose la ola que corria , amontondronse los abismos en mediodel mar. El enemigo venia diciendo : se- guiréles la pista, los aleanzaré , tomaré y repartiré sus des- pojos, se hartar4 mialma: desenvainaré mi espada, y los mataré mi mano (4). Pero sopl6 tu espfritu, y cubridlos la mar, y fueron sumergidos, como si fueran plomo , entre en- crespadas olas. 4 Quién, Sefior, es semejante 4 ti entre los fuertes? 4 Quién es semejante 4 ti, magnffico en ‘santidad, terrible y loable, ha¢edor de maravillas ? ' ,Qué drama se presenta mas sublime que este , donde to- man parte Dios, los hombres, las lanzas, las aguas, los carros, los visntos y los faytnt Whevaniente el cantor re- trocede 4 considerar lo que proyectaban hacer los enemi- gos del pueblo santo; allf se aglomeran los’ pueblos, se arman los soldados, se ordenan los escuadrones , y todos juntos vienen 4 impedir el paso 4 Israel (2). Pero el pueblo no teme, antes, lleno de fe, invoca al Sefior, diciéndole : Caiga, Sefior, de Ileno sobre ellos el espanto y él terror de la grandeza de tu brazo: queden inmobles como piedras, hasta que pase tu pueblo, hasta que pase este tu pueblo, que has elegido para tf y has poseido (3). Coneluye por fin toda la muchedumbre, haciendo un acto de esperanza, y confesando cudles son los motivos que tie- ne para ello, y dice: Ta, joh,; Sefior! introducirds , y lle- vards 4 tu pueblo al monte santo de tu heredad, firmfsima morada que has labrado; ti lo conducirds 4 tu santuario, que tus manos fabricaron (4). Podia algun interlocutor decir (4) Verso 9. (2) Versos i4y 45. (3) Eaod. cap. XV. v. 16. (4) Verso 17.

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