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ec al ae - 83 misterios de Dios, y conocer los. sec etos de su sabi- duria? Yo no pude vislumbrar aque! misterio de Ja encarnacion, que detesto por ser mi mayor tormen- to, ni saber jamas con plena certeza, que el Nazareno era hijo de Dios, y lo hice pasar entre los grandes de mi reino y los sabios de mi escuela por un embauca-— dor de la plebe, por un revolucionario, enemigo de los césares, por un sacrilego, trastornador de la ley de Moisés, y por un profeta falso que engafaba con nuevas doctrinas, prometiendo muchas felicidades, cuando él no habia querido admitirlas innumerables que yo le ofrecia, padeciendo. yo, la h rrible decep- cion de sembrar iras contra.él.en los corazones de mis fieles servidores, para que lo aniquilasen,. sin sospechar siquiera, que muriendo el inocente, se sal- vaba todo el linaje humano que era mi esclayo; (1) y gese hombre ha de saber todo lo que yo ignoraba? Yo, que soy lo mas.grande que hay despues de Digs, no pude ser semejante al Altisimo; y zhe de tolerar que él lo sea, hablando infaliblemente de sus secre- tos y de sus misterios? No; levantaré contra él nue- vos Desiderios de Lombardia, nuevos Enriques y Barbarojas, nuevos condestables de Borbon, y nue- vos préfugos de Elba, y veré lo que le aprovecha su infalibilidad. Si, debemos decirlo: el infierno, como dice Isaias, se ha conturbado en sus cavernas, al salirle Dios al en- cuentro, y ha decretado suscitar 4 los gigantes, (2) Y asi como acontecidé en Egipto, que se volvieron nécios los principes de Taneos, y estiipidos los consejeros de (1) Div. Leo, Magn., Serm. XI de Passion. Dom, (2) Isa., cap. XIV, v. 9.

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