BCCPAM000258-3-12000000000000

79 discusion, se abria una brecha enorme al principio de autoridad, ,Qué tenian que oir, en efecto, los hombres en esas disertaciones? Que en nate de ensehanza, la fuerza extrinseca que se forma del pa- recer de muchos sabios, es de mas peso que la intrin- seca del que ha recibido autoridad para ensefar: que en punto 4 autoridad, vale mas la que se-forma por la union de muchos entre si, que la que posee por derecho uno solo. No basté entre tanto la simple dis- cusion en los liceos: los potentados del siglo tomaron esas doctrinas como otros tantos arietes, para ases- tarlos contra la piedra fundamental del edificio de la Iglesia, dando esta temeridad tres resultados deplo- rables, el de haber ellos mismos puesto una mina de polvora 4 sus tronos, el de haber destruido en la so- ciedad el principio de autoridad, y el de haber abier- to ancha via 4 la filosofia del racionalismo para que publicase sus dogmas subversores contra la sociedad, contra la Iglesia y contra su cabeza visible. Recorranse, aunque no sea sino como quien lee un elenco, las doctrinas que se enseiian sobre la au- toridad y sobre la Iglesia, y hay bastante para que se hiele d uno la sangre en las venas, A la autoridad se le sefala el origen en Ja muchedumbre unilicada: se hace al hombre dueno absoluto de si mismo en go- bierno y en doctrina, siguiéndose a este absurdo el de afirmar que siendo el hombre libre en sus pensa- mientos y acciones, nadie puede ejercer imperio so- bre su entendimiento, ni imponerle creencias. Se predica que el Estado es el todo, y Ja Iglesia una par- te de él: que toda jurisdiccion que se ejerce en él, es una emanacion del mismo Estado; que el Papa es un soberano extranjero, cuyas Letras Apostdlicas no tie-

RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz