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14 4 sus fieles servidores otro camino, que fué el de con- feric la supremacia religiosa 4 los monarcas de cada nacion, 6 pretender que el magisterio del romano Pontifice no existe en su persona sola, sino in solidum en todos los Obispos, en el consentimiento de toda la Iglesia; y que no tienen valor sus decisiones dog- madticas, si no las aprueban todos los Pastores del mundo catélico. Nada importaba al error caer en la mds flagrante contradiccion con el Evangelio, que manda 4 los Apéstoles y sus sucesores, que sean per- fectos como lo es el Padre celestial, (1) para que pue- dan ejercer dignamente su autoridad espiritual; ni que esos jefes de iglesia, creacion del orgullo satani- co, no sean de aquella naturaleza moral que el mis- mo Jesucristo describe en el Evangelio, mandandoles que dejen cuanto tienen por su amor, si han de ser perfectos; es decir, padre, madre, mujer é hijos, y aun 4 si mismos, (2) expresando asi la diferencia esencial de vida entre el que ha de ser sucesor de los Apéstoles y dispensador de los misterios de Dios, y el que no puede serlo. Tampoco le importaba, poco ni mucho, al padre de toda contradiccion invertir en las operaciones del cuerpo mistico de la Iglesia el ér- den natural que vemos, y ve cada sér racional por el sentido intimo, en las del cuerpo animado por alma racional; el cual consiste en no mandar los miembros en las operaciones de la cabeza, no siendo necesario, sino muy absurdo y destructor, que la ca- beza no discurra, si no lo consienten las manos y los piés; pues esa pretension solo seria digna de los ha- (1) Mat., cap. V, v. 48, (2) Lue., cap. XIV, ¥. 26.

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