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13 levanté un verdadero ejército de tropas auxiliares, en las cuales militaban naciones enteras, cuyas frentes cehian antes tantas aureolas de gloria, cuantos eran los doctores santisimos que la formaron y embelle- cieron desde los Apdéstoles, desde San Ignacio y San Policarpo, hasta el gran Gregorio de Cesarea del Pon- to, San Basilio y San Crisdéstomo, los Flavianos, Ta- rasios y Germanos. Eran un cetro imperial, muchas mitras episcopales, y no poecas coronas patriarcales las que formaban al frente de estas naciones, anima- das al combate por los, Focios y los Cerularios, gri- tando estos que el Obispo de Roma no era el Maes- tro universal, y que solo mandaba en el Occiden- te, pero no en los patriarcados fundados por empe- radores poderosos, 6 por Apostoles, tan Apdstoles co- mo Pedro. Esta doctrina sembroé Satanias; mis, entre tanto, un tupido velo de ignorancia cayd sobre aque- llas iglesias, que brillaban antes como estrellas del firmamento; un yugo cesareo, pesado como el hier- ro, abrumé las cabezas, donde antes brillira el rayo glorioso de una autoridad sagrada; el Oriente vacilé y se degradd, y la autoridad del Vicario de Cristo se alirmé mas y mas, y se robustecid. ; ' No paré aqui la maquinacion del infierno: peplen tando siempre contra la autoridad del Pontilice ro- mano, hizo que el cisma, que habia marchitado las risuehas regiones del Oriente, se trasladase 4 las que. el hielo vuelve tan frias, como fria es y glacial la ia- diferencia del impio, y la impasibilidad con que el tirano aplasta con mano de hierro al inerme y al dé- bil. Ya que no era posible despojar al Vicario de Cris- to de las prerogativas que este le habia dado, empe- z6 Satands 4 protestar contra su unidad, ensehando
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