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mer ie : i ‘* ss 63 universal y el magisterio divino que eneees en toda la Iglesia el romano Pontifice. Despues de tanto protestar contra cuanto servia de fundamento 4 la civilizacion del pueblo cristiano, no podia ménos de formarse, y se formdé en efecto, una sociedad corrompida, sensualé indiferente, que fuese protestando sucesivamente contra toda verdad que sirviese de obstaculo 4 sus costumbres deprava- das, y la contuviese en los limites de lo honesto y lo justo. Se formulé de nuevo otra série de protestas, que ha ido formando una cadena pesada y enorme, la eyal ha rodeado al linaje humane y lo tiene ya en- cerrado dentro de un circalo de hierro, que lo esta. oprimiendo, como oprime el oso 4 su victima, hasta que consigue ahogarla. La sociedad, en efecto, se es- ta ahogando, axfisiada entre una atmdsfera densa y oseura de dudas y perplegidades en punto 4 la reve- lacion, de negaciones de todo lo que es divino y so- brenatural, de trastorno de los principios eternos6 inmutables, de confusion de las nociones del derecho y de la justicia, y hasta de los deberes que Ja natu- raleza impone al hijo para con el padre, al padre pa- ra con el hijo, al mayor para con el menor, al stibdi- to, al discipulo, al favorecido, al sacado de la nada por mano dadivosa, para con el superior, el maestro, el generoso, y el magnanimo en repartir ae y favores. | Y jde dénde proviene este cataclismo de ideas, esta enfermedad de los entendimientos, que va to- mando aspecto de crénica, y aparenta evar en si el diagndéstico de incurable, si una mano omnipoten- te no quita con benignidad la costra de errores que cubre al gran leproso, 4 la sociedad ulcerada con la

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