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CAPITULO IV. UNA UNIDAD ABIGARRADA. Hemos visto que la gran obra de Dios es indes- tructible, por estar fundada en una unidad esencial, y ahora vamos 4 hacer el examen de otra unidad mo- ral, que Satanas, verdadero farsante de las obras di- vinas, ha intentado formar, barnizaindola con colori- dos seductores, y adornindola con los oropeles de un idolo, para oponerla 4 la unidad de la Iglesia catdéli- ca en si y en su cabeza visible, y seducir de ese mo- do 4 los hombres. Esta unidad es la del error, siem- pre uno en sus tendencias, en su objeto y en su fin, y tambien en los medios: unidad de tendencias 4 destruir la verdad, si pudiera: unidad de objeto que es engafiar: unidad de fin en hacer muchos compa- feros de su apostasia, para consolarse por el mayor numero en la eternidad de sus suplicios; y unidad de medios, los cuales se reducen 4 destruir con la per- secucion 4 los que obedecen la voz de Dios, de la ver- dad y de la Iglesia, y 4 estar protestando sin cesar contra aquello que vé que es indestructible. Initilmente ha intentado aquel sér astuto ocultar el verdadero nombre de esta unidad impia entre las mil variaciones innatas al error, entre las cuales la ha ido desenvolviendo segun los tiempos y la indole peculiar de los hombres perversos y de las épocas en que han vivido: en vano se ha presentado en el gran escenario de sus ficciones con apelativos especiosos 5
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