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55 vo, que ese instinto de las potestades adversas en di- rigir sus arremetidas feroces contra la cdtedra de San Pedro, es una de lasiinspiraciones miis consecuentes de la ciencia carnal; y lo llamamos instinto, porque el apreciar lo que vale la cabeza en el cuerpo, cual- quiera que sea, de hombre 6 de bruto, es en aquel un resultado del raciocinio, y en este un sentimiento material que la misma naturaleza irracional da 4 ca- da individuo de ella: asi vemos que en sus peleas en- carnizadas, los animales no tiran mas que 4 preser- var la cabeza de los ataques de su adversario, porque su instinto les dice que la conservacion de la vida del cuerpo depende de guardar incdlume la cabeza. Y por cierto, hay una obcecacion espantosa en los hom- bres de la revolucion en presentarse frente 4 frente de esa cabeza visible, para aniquilarla; pues ya que con ignorancia crasisima no tienen las nociones so- bre la naturaleza de esa cabeza, no obstante que sa- ben cuanto vale, debieran retirarse de su arriesgada einpresa, siquiera porque no les suceda lo que saben que ha acaecido 4 muchos. Les diremos en dos pala- bras la naturaleza esencial de esa cabeza, para que puedan comprender que disparar contra ella balas y proyectiles es tanta locura, como lanzar piedras 4 las estrellas. Esa cabeza es de esencia del cuerpo mistico de la Iglesia, y como las esencias de las cosas son indestrue- tibles, tambien lo es esa cabeza. Esa cabeza es esen- cialmente una, como la Iglesia es esencialmente una, como Cristo es esencialmente uno, como la verdad es esencialmente una, como Dios es esencialmente uno. En términos representativos esa cabeza representa 4 Cristo, como Cristo representa 4 quien lo envid: en los

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