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54 todo el mundo, y vivir separados por vastos piélagos, largos trayectos de tierra y montajias agrestes, yera necesario cortar de raiz todo principio de cisma y de division; lo que jamas se hubiera hecho, si Jesucris- to no hubiese nombrado una cabeza visible con de- recho innato é inmediato en ella para gobernar y en- sear, y con obligacion en todos, desde el Apéstol hasta el dltimo fiel, de obedecer 4 esa cabeza y oir sus mandatos.Y es esto tan esencial 4 la constitucion deJa Iglesia, que desde los principios de su funda- cion se tuvo por la regla de fe el no desviarse de la tradicion primitiva, que constituia el centro y el fun- — damento visible de la unidad de la Iglesia en la ca- beza de ella. ¥ como sabiany creian todos los santos Padres que esta cabeza es el Principe de los Apdésto- les y sus sucesores, concluian diciendo: «y como no puede fultar la palabra de Jesucristo que dice: ta eres Pedro, y sobre esta piedra he de edificar mi Iglesia, de ahi es que los hechos han demostrado siempre la verdad de lo dicho por Jesucristo.» (1) Es decir, que asi como en sentir del Apdstol,lo primero que ha de creer el hombre que se acerca & Dios, es, que Dios exis- le y es remunerador de los que lo buscan; (2) en el sentir de la Iglesia y de los Padres, la primera regla de sa- lud en el seno de la Iglesia catélica, es observar y conservar este dogma de la unidad de cabeza visible, que Jesucristo establecié en clla antes de subir 4 los cielos. Tenemos dicho ya que Jesucristo hizo todo eso, — y no hay para qué repetirlo; pero si diremos de nue- (1) Formul. Hormisd., see. VI. (2) Heb., cap. XI, y. 6, itil
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