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53 to, como dice el mismo Apdstol, (1) el mismo Jesu- cristo es la cabeza de este cuerpo. Ha llegado por tanto el caso de decir, que asi como la Iglesia es esencial- mente una en sus dogmasy en su doctrina, tambien ha de tener esencialmente tal unidad de cabeza, que nada pueda hacerla multiplicable; porque entonees resultarian dos cabezas y por consiguiente dos cuer- pos, 6 un cuerpo con dos cabezas, lo que equivale a un cuerpo ménstruo 6 sin ninguna. Pero esto es esen- cialmente imposible, porque Cristo es por naturale- za uno, y una ha de ser siempre la cabeza de la Jgle- sia, uno su magisterio, y uno su gobierno. + _ Ahora pues, jcabia en la ciencia infinita de Cristo irse 4 los cielos, habiendo fundado la Iglesia esen- cialmente una, sin dejarla una cabeza visible como lo es la Iglesia, para que la gobernase con perfectisi- ma unidad? Injurioso seria para nuestro Redentor el hacer esta pregunta dudando; porque lo que no se esconde 4 la ciencia humana, ;cdmo se ha de ocultar dla divina? Ningun rey se ausenta de su reinoy sin _ dejar un ministro con plenos poderes, para que en su ausencia gobierne él la nacion, y to se levanten fae- ciones que formen un gobierno diferente del que él prescribe. Y precisamente Jesucristo es ese rey, que se separa corporalmente de su Ig!esia, para ir-a to- mar posesion de su reino y volver mis tarde. (2) Ha- bia dado potestad 4 sus Apdstoles para enseiar 4 to- das las gentes, (3) mandindolas observar lo que él les habia préscrito: tenian estos que dispersarse-en ~-¢L)- Col.;-cap. I, v. 18. (2) Luc., cap. XIX, v. 42. (3) Mat., cap XXVIII, vv. 18, 49.

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