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52 racion, reproduciendo en si misma de una manera adinivable y visible las cualidades esenciales, aunque invisibles, de la naturaleza de Dios. Asi, decimos de Dios, que es esencialmente uno en su_naturaleza, porque es eterno, y decimos que es esencialmente eterno, porque esencialmente es uno. Y lo mismo de- cimos de la Iglesia catélica respectivamente; porque Dios, que es su autor, es esencialmente uno; y por tanto, clla tambien es por naturaleza una é inmuta- ble en sus dogmas, en sus preceptos y en su cons- litucion, porque Jesucristo es uno y eterno. Empezo, si, 4 dejarse ver en el tiempo, asi como el Dios. invi- sible en su naturaleza se dejé ver en la nuestra, cuan- do llegd cl momento preserito por él en la eternidad; pero es eterna en su duracion, no mudandose, ni pudiéndose mudar, sino en el modo extrinseco de existir, de Iglesia que milita y padece tribulacion, en Iglesia que triunfa y goza, coronada por su Es- poso. ‘ thes : - De propdsito no hemos enumerado entre las cua- lidades de la Iglesia una, que es la mis esencial pa- ra que se vea de una ojeada lo que vendria 4 ser sin ella: no hemos hablado de Ja unidad esencial de su magisterio y gobierno, porque esto es una cosa tan alalcance de toda inteligencia, que casi se puede ca- llav por demasiado sabida, Funddé Jesucristo en Ia Iglesia su cuerpo mistico, como dice el Apdéstol; (1) si la Iglesia es un cuerpo, precisamente ha de tener cabeza que lo gobierne y lo dirija, no permitiendo que ninguno de los miembros obre contra el cuerpo, ni de un modo contrario 4 suoficio peculiar; y en efec- (1) Colos., cap. I, v. 24.
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