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54 cabritos altivos y sensuales, destinados 4 ocupar la izquierda ante el tribunal del juez supremo, y oir de sus labios aquel terrible decreto, con que seran lan- zados para siempre del consorcio de la santa unidad de Cristo y de su Iglesia, en cuyo seno no quisieron vivir cuando militaba, y con la cual tampoco quer- ran vivir cuando triunfe, porque el crimen de su apos- tasia ha de ser tan eterno como Ja misma eterni- dad. (4) Esta unidad esencial de la Iglesia catdlica es, en cuanto 4 su existencia, de la misma naturaleza que el que se la did: es inmutable, indivisible y perenne: es como Jesucristo, de hoy, de ayer y por los siglos de los siglos. (2) Y en vano se empeharan los hombres en querer establecer una unidad moral, que tenga exis- -tencia perenne fuera del cuerpo mistico, que Jesu- cristo instituyO sobre si mismo; que nunca lo conse- guirdn, jMiserables criaturas! Nosotros nada posee- mos en materia de tiempo: lo de ayer es pasado hoy, lo de hoy sera cosa pasada maiana; y por mis que intentemos dar consistencia 4 nuestras obras, vemos que nuestros esfuerzos quedan inutilizados ante un _ agente terrible é inexorable que todo lo devora, el tiempo. La perennidad perpétua es tan solo propia de Jesucristo y de sus obras, de Jesucristo para quien el ayer es hoy, y el hoy los siglos de Ja eternidad: Y este es el caracter esencial de la Iglesia catélica, una en Jesucristo, una en su fe y sus preceptos, una en sus leyes y Sacramentos, una en su permanencia, una en su institucion y naturaleza, y una en su du- (1) -Mat., cap. XXV, v. 41, (2) Heb., cap. XII, v. 8,
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