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50 4 quienes apacienta Pedro; y por fin, que no hay mas | que un fundamento de fe y de verdad revelada, el que el mismo Dios ha puesto, invisible en su Hijo, visi- ble en Pedro; que no hay sino un solo Pastor univer- sal que deba regir4 los demis Pastores, y un solo redil para su rebafio. Todo lo que no sea edificar so- bre ese fundamento, es formar un edificio de barro ' sobre arena, que un ligero viento destruye. (1) Cual- quiera que se ingiera en gobernar la Iglesia de Cris- to, sinser enviado por Pedro, recibiendo de él la mi- sion para ensefiar y regir la parte del rebafio del Re- dentor que le sefiale, es un ladron que entra por la ventana, 6 por otra parte que Cristo no ha senala- do. (2) Todos los que sin el mandato de Pedro inten- . ten tomar el cayado para gobernar este rebano, son el leon de uias de acero, que no sabe mas que de- predar lo ageno, devorar hombres, hacer viudas y desolar ciudades. (3) Y cuantos se empenen en salir de ésta unidad divina, y apacentarse hipocritamente entre las ovejas y corderos de Pedro, 6 se obstinen en salir de su redil, escogiendo 4 su arbitrio otros ali- mentos de doctrina, no son sino el javali feroz que devora la viha de Dios, (4) los machos cabrios, que “se tragan los alimentos pingiies y dejan para las ove- jas los desperdicios, y se beben las aguas eristalinas de la fuente del Senor, enturbiandolas despues. con sus pezufias, para que no puedan beberlas las ove- jas, 7 se mueran de hambre y de sed; (5) y poe fin, “(Ay ~ Mat., cap. Vil, v. 27, (2) Jo., cap. Xyv. 4. (3) Ezech., cap. XIX, v. 6. (4) Psal, LXXIX, v. 14. (5) Ezech., cap. XXXIV, v. 18.
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