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4 CAPITULO III. DOS UNIDADES PERFECTISIMAS. - Es evidente que asi como el hombre tiene cono- cimiento de los misterios de Dios porque él se los ha revelado, asi el conocimiento del motivo primero que Dios tiene para obrar cosas grandesé inefables, solo puede llegar 4 nuestro conocimiento, cuando Dios se digna manifestarnoslo. Sin embargo, es preciso con- fesar que en medio de la limitacion de nuestra razon, no se nos ocultan algunas verdades relativas 4 la na- turaleza divina, siendo estas entre otras la de la exis- tencia de Dios y la de su unidad; 4 cuyas nociones naturales, afadidas las luces de la revelacion, debe el linaje humano esa ciencia admirable y esa sabidu- ria profunda de darse cuenta 4 si mismo de la razon por qué las obras de Dios son como son, y por qué algunas de ellas no pueden ser de otra manera. Asi nos damos razon de por qué el réprobo es eterna- mente réprobo, por qué Dios es infinitamente justo, y no puede perdonar a quien lo ha ofendido resue'ta- inente y no ha querido humillarse ante Dios cuando podia hacerlo, ni se le humillara jamas, porque su obstinacion sera eterna desde que pase al tiempo in- terminable. Procede Dios en eso en virtud de una ley eterna; y como ha impreso en nuestro entendimien- to la lumbre de su rostro, este no puede ménos de comprender que eso es asi, y que no puede ser de otra manera. Y sucede otro tanto al tratar de inves- tigar, por qué la naturaleza de Dios es indestructible
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