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39 su dominio temporal, sino lo mds, que es impedirle el ejercicio de su principado espiritual. ;Quién es el Papa! Lo dir emos recapitulando los dogmas de la re- * yelacion, y nadie podra reprocharnos que son con~- ceptos humanos, sino razonamientos divinos los que emitimos. Es el Obispo de Roma, y como tal, es el sucesor del Principe de los Apdstoles y de todos los derechos que Cristo le dié: es el Lugar-teniente de Dios en la tierra, el Vicario de su Hijo humanado, la cabeza visible de la Iglesia, el fundamento visible de ella y de la fe revelada, el maestro de los Obispos, el moderador de los reyes, e] Pastor universal, el regu- lador de los cinones, el centro de toda. doctrina, el principio de toda jurisdiccion, el origen de toda ge- rarquia eclesiastica y el Doctor de todos ‘los cristia- nos. Como Obispo de Roma, como Vicario de Jesu- cristo,. como Sumo Pontifice, tiene en todo el orbe el mismo derecho de potestad espiritual que Cristo dié 4 San Pedro, el mismo que tiene Jesucristo; con la unica diferencia en el drden jurisdiccional, de ser en Jesucristo ‘una cosa propia y natural de su sacer- docio eterno, y en el Papa una delegacion que el Sa- cerdote Eterno le ha dado, para que haga sus veces en la tierra; pero viniendo 4 ser en el Episcopado singular de la catedra de Roma, y en el que laocupa, una jurisdiccion inmediata, ordinaria y episcopal en toda la Iglesia. _ Las consecuencias que dimanan de estas premi- sas son todas de derecho divino, sobre el cual nada pueden disponer los hombres. Asi como el Obispo de Roma tiene el estrictisimo deber de conservar in- corruptible é intacto el depdsito de la fe, ejerciendo la autoridad que le dié Jesucristo, y de ensefiarla 4
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