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Pere ou Cue Serenata er ec en Sete rs ummm Noe ec eens 38 antes de subir al cielo, le cumpliéd cuanto le habia anunciado, mandandole que apacentase todos los corderos y todas las ovejas desu rebaio, es decir, 4 toda la Iglesia. Con esto, desde entonces, Pedro em- pez6 4 llevar en su persona una personalidad cual no hay ni puede haber otra, la personalidad de Cristo, y por consiguiente la pesnoliden moral de ~ Dios. _ A esta personalidad, por la ask el Sumo Pontili- ce ¥e representa 4 Dios en la tierra, va unida otra per- sonalidad moral, que consiste en Hevar en su perso- na los derechos de un principado terreno que posee desde hace doce Siglos, principado que no le ha ve- nido de los hombres, aunque hayan contribuido 4 | que lo tuviera los acontecimientos humanos. Habien- do venido el segundo despues del primero, es consi- guiente que en teoria estos dos principados son se- parables, aunque en concreto ya no deban serio; porque si al primero le da una perpetuidad legal el derecho divino, al segundo se la da el natural y el de gentes. Prescindimos por ahora de tratar de este, de- jandolo para otro capitulo, y nos circunscribimos 4 hablar del primero, describiendo ligeramente su im- portancia ditisima, para que se compieuta va aig _ nitud del erimen que Ja revolucion ha cometido al atacar la cdtedra de San Pedro, y poner valladares de hierro al rededor del que esta sentado en ella. Una simple pregunta y su respuesta es lo suficiente para explicar esto en pocas pero convincentes pala- bras. gQuién es el Papa? - Hé aqui lo que inquirimos; y la contestacion de- mostrara que la revolucion no busca lo ménos en ha- ber despojado inicuamente al soberano Pontifice de

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