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35 hasta que, Iegando el tiempo de la muerte del pri- mero, y cuando habia sucedido al segundo en el sa- cerdocio su hijo Eleazar, el mismo Dios mandé a Moises que llamase4 Josué 4 la presencia de este, le impusiese sus manos sobre la cabeza, le diese una parte de su gloria, que era la de introducir @ los hi- jos de Israel en la tierra prometida, anunciando al mismo Josué y 4 todo el pueblo, que Eleazar, Sumo Sacerdote, quedaba encargado de consultar al Senor en cuanto se habia de hacer. (1) Ahora, gqué decia el autor inspirado Jestis de Sirac acerca de Moisés y de Aaron poco tiempo antes de la venida de Jesucris- — to? Did, dice, 4 Moisés piblicamente preceptos, y ley de vida y disciplina, para enseiar & Jacob su lestamento y sus juicios d Israel. (2) Confirtd é Aaron el sacerdocto de su nacion; lo vistid de vestidos riquisimos y llenos de gloria; pisole corona de oro sobre su mitra significativa de saniidad, con cuyos ornamentos no se visio, ni el extranjero, ni olros que no fuesen sus hijos y sus nielos, pues lo eligié Dios de entre todos los vivientes; y le dié autloridad en sus preceptos, en el lestamento de sus juicios, para que enseiiase sus testimonios 4 Jacob, y diese luz en su ley al pueblo de Israel. (3) Se ve en todo esto una autoridad constitalda-¥por Dios, la cual posee el derecho divino de ensenar la ley, de conservar las tradiciones santas y las escri- turas, ilustrando al pueblo en sus ignorancias acerca de la misma ley. Por esa causa se conservaron. en la mis perfecta integridad las mismas escrituras, ha- (1) Num. cap, XXVIII, vv. 18 4-21. (2) Kecli. cap. XLV, v. 6 (3) Ibidem, cap. XLV, wv. 8 a 21.

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