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194 niendo las cartas que le dirigen los fieles, y registran- do 4 los que salen de la morada pontificia, la revo- lucion se presenta altiva y sarcastica, diciendo: Oiga el Papa: le habiamos ofrecido garantias extraterri- toriales y una soberania en su ciudad leonina; pero | sepa, que «una fuerza irresistible ha impulsado 4 Ita- lia 4 apoderarse de Roma, y con la misma fuerza de- be apoderarse de la ciudad leonina: ella debe dar cumplimiento4 esa parte esencial de la revolucion, que consiste en destruir el poder temporal del Pa- pa.» (1) «Tambien le hemos ofrecido libertad, correo y telégrafo propios, y no los quiete, quejaindose de que no es libre; jcosas del Papa! No merece la pena de oir lo que dice.» (2) «No somos responsables de ese estado en que se encuentra: es el Papa mismo por su imperdonable ceguedad, y sus consejeros por su obstinacion.» (3) Oid pues lo que os dice la revo- lucion; pues los que la hacemos, somos vuestros hi- jos devotos: «despojaos de ese retazo de poder que os queda, que no os sirve de nada; aceptad sin res- tricciones ni reservas la palabra de Cristo, que os ha dicho donde esta su reino; dejad ese poder, y consa- graos 4 millones de millones de catélicos, 4 quienes debe llegar vuestra palabra venerada y sagrada: sed Papa, y no seais rey: sed Vicario de Cristo, y no go- bernador malamente impuesto 4 algunas centenas de hombres: en fin, pensad en la Iglesia y no en el rei- no, para que aquella, inspirindose en el espiritu vi- vificante de la libertad, pueda resplandecer-cop nue- t (1) Gazzet: del Popol. 29 Settem. 1870, n.° 8, p. 29, ¢. 2. (2) Tbid., 8 Ottob, p. 59, e. 2, 4. - (3) Ibid., 7 Ottoc., n. 14, ¢. 2 y 3, es

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