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191 Estados Pontificios; por cuanto una voz salida de aquel sdlio, en otros tiempos glorioso, decia, que no se creia autorizada d censurar @ una nacton extranjera, que tiene conctencia de sus actos, y de haber obedecido « las necesi- dades de la situacion, (1) Viendo que en las regiones mis elevadas de la sociedad, se daba el nombre de con- ciencia 4 la que prescinde de los principios del dere- cho natural; que se respetaba esa conciencia, for- mada, no por las reglas inmutables de la ley, y por lo que piensan y hacen los que la observan, sino por los axiomas y los hechos de los revolucionarios; y que ademas se la honraba, llamandola conetencia publica; viendo, por fin, que no habia entre los soberanos quien.se fuese 4 oponer 4 su Ultima émpresa, por- que la tinica voz, que quizis se hubiera dejado oir con grandeza y energia, habia enmudecido por efec- to de otra reyolucion: viendo todo esto la revolucion piamontesa, exclamé llena de entusiasmo: Llegé la hora: consumemos de una ves la obra, pues nadie nos lo impedird. (2) | (1) Libro rojo de Austria. (2) La Gaceta del pueblo, (Roma 11 de Octubre de 1870, nim. 18, pag. 69, col. 1.*) explica perfectamente Ja mente de la revolucion; pues hablando con los consejeros del Sumo Pontifice, les dice las siguientes palabras: «si creeis que al- guna potencia extranjera quiera emprender una guerra por vosotros, os equivocais mucho, mucho... Ni aun Ja misma reina de Espana lo harfa, si volviese al trono.» Esto decia el diario revolucionario; y nosotros diremos, como de paso, que recojemos esas palabras como un testimonio solemne que la revolucion da 4 Espaiia, del celo que ha tenido en to- dos tiempos por la defensa de la Santa Sede Apostélica. Por eso la misma revolucion esti trabajando hace ya sesenta

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