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- 190 tiene temor, ménos de Dios, ha producido su ultimo resultado, que era la destruccion del dominio tempo- ral del Sumo Pontifice, y con ella su encadenamien- to, para que no pueda gobernar la Ipesia con mde- pendencia. No sabemos decir si, al ejecutar sus : planes, la re- volucion ha sido 6 mis astuta, 6 mas insensata; el desenlace, que esta escrito en los libros de la Provi- dencia, nos dira sin duda que el segundo extremo fué lo que en ella prevalecié. Por ahora, lo que aparece muy claro es su astucia criminal. Vid que dos. colosos se estaban destruyendo miituamente en guerra cruel; lo vid, y se alegré: alegrése mucho mas de que uno de estos gigantes, fiel 4 sus palabras de promesa so- Jemne de no extender su brazo armado sobre el Pa- pa para protejerlo, dejando ese encargo 4 la misma revolucion, habia mandado arrollar su bandera, de aparente proteccion al que debia dejar abandonado 4 la suerte que anuncid aquel escrito, de que hemos ha- blado ya: vid que una gran monarquia, 4 cuyos as- cendientes impouian la corona los Papas, y 4 quienes como emperadores de los romanos incumbia prote- jerlos, habia dicho solemnemente que, «en conse- cuencia de ciertas resoluciones del Concilio Vatica- no, ha debido declarar que no se consideraria ya li- gado por el Concordato, establecido sobre bases muy diferentes.» (1) Comprendié que los sucesores de los Otones, y de aquel Enrique, que disponsd tantos fa- vores 4 la Iglesia y repuso en su trono4 Benedic- to VIII, fugitivo por las persecuciones de Jos’ malos, no estaban dispuestos 4 desaprobar la invasion de los (1) Libro rojo de Austria, |

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