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¥ - “489 S él; (1) y 4 los stbditos elt Dios, que obedezean 4 sus superiores y les estén sujetos. (2) No podemos: porque ese sofisma de la soberania del pueblo, es in- yencion del error, para oponer la fuerza brutal al de- recho, 4 la justicia y 4 la autoridad legitima; y ese plebiscito que habeis formado, no ha salido de mi pueblo, sino de miles de hombres perdidos, compra- dos por vosotros para venir de léjos 4 dar un colori- do, que es el sarcasmo de la razon humana, a vues- tras rapifias é iniquidades. — — Bien claro tenemos 4 la vista el tristisimo drama que se representa en el seno de las naciones, civili- zadas antes por el Evangelio, y seducidas hoy con una palabra mal entendida, yotra adulterada en su sig- nificacion genuina, las cuales son progreso y libertad. El crimen meditado por algunos ailos es ya un hecho consumado: el desenlace de tanto amafio hipderitay de tanta iniquidad y malicia, como encerraban cier- tas estipulaciones y ciertas promesas fementidas, ha- bia de ser lo que hemos visto, el cautiverio del Vica- rio de Cristo. La unidad moral de los que simulan y publican, que aman 4 los pueblos, 4 quienes ametra- llan sin piedad cuando Tega el caso, y 4 quienes di- cen que temen no concederles sus derechos, siendo asi que los atan con una cadena doraia con el oro nuevo de lallamada libertad, dandoles despues por ali- mento lo que el prédigo anxiaba, cuando estaba entre- gado 4 los excesos de la carne; (3) la unidad moral, repetimos, que intentaba la revolucion, que de todo (1) Rom., cap. XIII, v. 1. (2) Heb., cap. XII, v. 17, (3) Lue,, cap. XV, v. 16,
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