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186 En esta escena no hay mis que dos personajes; y cuanto es noble, santa y majestuosa la figura de uno, tanto, y con muchos grados mas es innoble, criminal y envilecedora la del otro. Es este personaje degra- _dado la revolucion, que se empefia en que el! Vicario de Cristo descienda por su propio querer del trono glorioso, en que Jesucristo lo sent6é cuando lo nom- bré su Lugarteniente en Ja tierra; y consagre con su aquiescencia cuanto la revolucion misma ha introdu- cido entre los hombres, respecto del nuevo modo de vivir en sociedad con desprecio del derecho natural y divino. Atrevidas son las sugestiones; pero admi- rables, y caracteristicas de la verdad, Jas respuestas; horribles son las. altimas razones de la revolucion, pero pavorosa la ultima contestacion. Veamoslas. Padre Santo, dice la revolucion, vuestro pueblo esta inquieto y vive perturbado, porque no es gober- nado por instituciones liberales, ni le permitis aso- ciarse al progreso de las naciones modernas; dadse- las, pues os exponeis 4 que él se constituya como le agrade, y, como duejio de sus destinos, se dé el go- bierno que mejor le acomode. No podemos, responde el Pontifice: no es cierto que mi pueblo se agite por si; ni tampoco se agitaria jamis, si los sectarios del error no se introdujesen en su pacifico seno, para corromper su inocencia con doctrinas impias. Mirad, decia una voz hipdcrita; que hay hombres mal inten- cionados, que pretenden entrar 4 mano armada en vuestras provineias, para proclamar los derechos del pueblo, y sublevarlo, y plantear los prineipios libera- les que hoy dia labran la felicidad piblicay antes que suceda, hacedlo Vos, dandoselas con generosidad; dadselas, para no tener que entrar en vuestro domi-
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