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180 fuerza? Las Aguilas romanas que subyugaron la tier- ra y aherrojaron 4 sus moradores con un yugo ferreo, empezaron 4 abatirse con la dispersion de los Obis- pos enviados por los Papas 4 todas las provincias del imperio; y al fin cayeron todas 4 tierra 4 medida que fué izindose en sus hastas vetustas el labaro de Cris- to. No queremos interpelar 4 ninguna nacion en par- ticular; exceptuando 4 una, cuya historia antigua tie- ve mil y mil paginas gloriosas, que nunca hubiera po- dido escribir, si no hubieran existido los Papas. ;No tiene la altiva Albion consignado en sus libros be- cerros, que sus hijos eran vendidos, todavia en el si- glo sexto del cristianismo, en los mercados curopeos, como se venden todavia en la antigua Estambul los infelices circasianos? ;No recuerda que fué un Papa, quien compadecido de ver 4 jévenes de aspecto an- gelical, ligados de dos en dos en publico mercado, pa- ra ser vendidos, dispuso al momento que fuesen ope- rarios apostdlicos 4 aquellas regiones de las arenas blancas 4 predicar el Evangelio; para que desapare- ciese de ellas aquel trafico ominoso, y supiesen todos sus habitantes, que eran todos hermanos, é hijos del Padre celestial? (1) (1) Sabida es de todos aquella escena tierna que pasé en Roma entre San Gregorio Magno y los que le acompaiaban, al pasar por uno de los mercados de la ciudad. Vis el santo Pontifice una muehedumbre de mancebos de blanca tez y de cabellera rubia, que estaban silenciosos como si fueran cor- deros. Pregunté el santo, quiénes eran aquellos jéveries, y le contestaron que eran esclavos que estaban de venta: y jde dénde son? pregunté de nuevo: son ingleses, le contestaron: sunt angli. ;Ah! dijo entonces: non angli, sed angeli ii vocan- di: no anglos, sino dngeles debian ser llamados. A los pocos
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