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e 177, ron. (1) Precede pues la justicia 4 la paz, como la causa al efecto, como la aurora al sol; por lo que, pa- ra que en las naciones hubiese una paz inalterable, como aquella que Dios prometia por Isaias, que ha-— bia de derramar sobre su pueblo, semejante 4 un rio caudaloso que lo Ilena todo; (2) una sola cosa basta, y es, practicar obras de justicia; pues el =~ de la justicia seri la pas. (3) Todo esto es infalible, como salido de los labios de Dios: la paz y la felicidad de los pueblos ha teni- do siempre por base la obediencia 4 Dios, y la obser- _vancia de sus preceptos. Preguntamos, pues, por wlti- ma vez: {Podia el Vicario de Criste como Pontifice de la Iglesia catdlica, como Doctor de toda ella, como maestro de la fe y la doctrina, como depositario de la verdad, como padre de todos los fieles, y como rey justo y pacifico de su pueblo, abrir las puertas al pro- greso de una civilizacion, que esta consumando aquel apartamiento terrible, de que habla el Apéstol, (4) diciendo que ha de ser el precursor del hombre de perdicion, rebelindése contra la autoridad divina, hollando la doctrina de Jesucristo, erigiéndose en maestra del mismo Dios, pretendiendo arrogarse el derecho de dar lecciones al Maestro constituido por Cristo, sembrando la discordia en la tierra, arrancan- do Ja paz de la sociedad, y ocupandose en ver quien _ llega con algun invento formidable 4 consumar los deseos de aquel emperador feréz, que sentia no tener (1) Ps: LXXXIV, v.44: (2) Isa., cap. LXVI, v. 12. (3) Ibid., cap. XXXII, v. 47. (4) IIL. Tess., cap. II, v. 3. *
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