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: 175 mente 4 cada uno; habiendo para todes un limite, del cual, aun en das ciencias naturales nadie puede pasar en Ja tierra, y en las divinas ni aun en el cielo; porque la comprension de Dios, segun el modo de Dios, solo es propia. del mismo Dios. Y.;qué! por muy difundido que esté en el mundo el conocimiento de la verdad revelada; por innumerables que sean los que la ensefian, yno sabemos todos que el habito so- _brenatural de la fe es un don de Dios que da 4 cada uno enel santo bautismo, y que esta fe va fortiliciindo- se y aumentindose con la ensefanza, y con la coope- racion del creyente y su correspondencia 4 los auxi- lios divinos? yNo sabe infuliblemente el Vicario de Cristo que el deposito de la doctrina revelada no ha recaido en los pueblos, ni en los reyes, ni en cada uno de los Pastores, sino en aquel 4 quien ha dicho Dios con decreto irrevocable, que enseie a todos sus corderos, y le ha asegurado, 4 él solo, que su fe no ha de decaer jamas? ,No sabe que él, y no otro, es el maestro infalible, que ha de ensejiar siempre 4 es- te gran pirvulo compuesto de todo el linaje humano, y que el que no quiera oir su voz, no pertenece al reino de Dios, y que no puede él, que ha de salir por los fueros de la verdad y la justicia, hasta morir en su defensa, entrar en convenio con Ja iniqnidad y la apostasia de quien quiera ensefar el error? Considérese en consecuencia, si el soberano Pon- tilice podra jamas admnitir la palabra reconciliacton con una civilizacion, que reduce los principios del dere- cho, 4 la fuerza; los de justa posesion, 4 la consuma- cion de un hecho; la honestidad de las obras, a la ha- bilidad para hacer las malas, sin que un prdjimo Jas vea; la moral publica, 4 permitir que haya toda la

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