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173 mas que en hacer guerra 4 los santos. (1) ;Ah! Ese ti- rano de las almas vestido de arriba abajo de sangre, no se ha mostrado 4 la faz de la tierra, sino para ar- rancar de su seno la paz. (2) ‘ Véase por tanto qué inmensa distancia, y qué di- ferencia tan opuesta hay entre el cddigo de la politi- ca de Dios que es nuestro padre, y la legislacion de la curia de Satanas que es el tirano de las inteligen- cias, que quieren adoptar su tenebrosa civilizacion y vivir en su reino. Entre tanto, pongase la mano so- _ bre el pecho, y digasenos, si hay un padre que dé 4 su hijo una piedra cuando le pide pan, y le presente una sierpe venenosa, cuando le pide un pescado; (3) digasenos, si hay una madre que no aparte de su hi- jo tierno el acero 6 el veneno, con que puede muti- lar alguno de sus sentidos 6 suicidarse sin saberlo; si hay alguna, que, aun en medio de sus extravios, no quiera que su hija sea pura como la azucena, y no sea testigo de sus infidelidades. Puede haber madres que se olviden de si mismas hasta ese extretho; pero - todoslas llamarian madres crueles, que, semejantes 4 la fiera tintorera que al parir sus hijos entre las aguas salobres, va tragindose 4 los que no huyen rapida- mente, devoran 4 sus propias hijas. Pues bien: todo rey es un padre, es una madre de su pueblo; y entre todos los reyes de la tierra, el Vicario de Cristo es pa- dre de todos los creyentes en la fe; y en la sociedad civil, es por excelencia el padre de sus vasallos. ,Pue- de por lo tanto aprobar en el mundo un progreso - (1) Apoc., cap. XI, wv. 6, 7. (2) Ibid., cap. VI, v. 4. (1) Mat., cap. VIL, vv. 9, 10.

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