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165 dan otro resultado, sino la destruceion de la autori- dad, el envilecimiento de las potestades subalternas, la degradacion del pueblo, susempobrecimiento , su embrutecimiento, su miseria y su ruina. Tambien se ha estado gritando, largos aios ha; contra la esclavitud intelectual de los felicisimos stb- ditos del romano Pontifice. Alli, se decia: no hay li- bertad del pensamiento: la razon no puede dar vue- los: el Papa no quiere ceder, ni conceder esa liber- tad. Todo esto se ha propalado; pero-es este otro te- gido de calumnias, de sofismas filosdficos, de antilo- gias y absurdos en el 6rden de las ciencias naturales y en el de las sobrenaturales. {Quién es, en efecto, &l que ha defendidota libertad natural del entendimien- to humano, sino el Vicario de Cristo? ;Quién el que hasostenido y protegido la verdadera libertad social; y la que han tenido los verdaderos sibios, para tra- tar de las cosas divinas? No son estos los que bajo la direccion de los romanos Pontifices han enriquecido la sociedad con voliimenes, numerosos ya como las arenas del mar, en les cuales resplandecen todos los conocimientos de las ciencias naturales, unidos ad- mirablemente con una sabiduria altisima de las divi- nas, sin que haya en la explicacion de estas el mis leve error, y guardando armonia lo que es humano con lo que es divino? Al tratarse de las ciencias natu- rales todo entendimiento es libre, y es esclavo, Pues ;qué! el matemitico que trata de aritmética, el ero- ndlogo que define el érden del tiempo, el re zulador de las séries de las cosas, que son libérrimos para tratar sobre esas materias con elevacion y elocuen- cia, json acaso libres para ensefiar que tres y dos hacen seis unidades, que el afio mil empezé antes que

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