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& - * e 157 significativo de la doctrina, mas fina y mas probada que el oro. Pero, tambien es necesario echar una mi+ rada‘al estandarte del primer campo que hemos de recorrer;y es triste decirlo, alli campea un color par- -dusco y sombrio, con algunos enigmas de oropel: es el estandarte de la revolucion, cuyo fondo no revela mis que una idea, Ja de la hipocresia. Cuanto se ha- ga en ese campo, eva el mismo Sello: palabras bue- nas, obras malas: acciones al parecer indiferentes, intenciones torcidas: miradas de cordero, intenciones de tigre: movimientos apacibles, , arremeétidas traido- ras y violentas. Esta es la disciplina del campo de la mentira. A quien haya leido con atencion los santos Evan- gelios, y observado con estudio lo que pasé en el pa- lacio de Herodes, tan luego como supo que tres si- bios venidos de Oriente querian adorar 4 un rey re- cien nacido, nada de esto Je admira. Oye decir que ese rey va 4 sentarse en el trono que él ha usurpa- do, y su unico pensamiento es destruirlo. Entre tan- to, observemos qué ‘devoto se muestra del rey re- _cien nacido; qué respetuoso hacia las sagradas pro- fecias, y qué obsequioso con los reyes del Oriente. {Con que venis, les dice, 4 rendir homenaje al gran rey, y deseais saber donde ha nacido? No ha nacido aqui; pero los santos Profetas dicen que ha de nacer, no en Jerusalen, sino en Bethlehem: piadosos sois, 4 la verdad, en vuestra empresa, y dignos de ser imi- tados; id, pues, 4 esa ciudad, y despues que lo hay ais encontrado, volved por aqui, que yo tambien quiero ir d adorarlo. (1) No extrahara, repetimos, lo que ha su- (1) Mat., cap. II, v. 8.
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