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156 los principios de la verdad eterna, nunca califica de justo lo que es injusto, ni llama bueno lo que es ma- lo, por mis que la iniqnidad se presente embozada con galas aparentes de justicia; pues el hipdcrita po- dra andar enmascarado un dia, pero no diez, 6 diez dias, pero no ciento: el buen sentido comun lo des- cubre tarde 6 temprano,.y al fin lo rechaza con in-— dignacion justisima; que 4 layverdad nada repugna tanto como la ficcion. Preciso es decir piblicamen- te, y nadie lo podra negar, que la revolucion hostil al poder temporal del Sumo Pontilice, al fin de su jornada ha revelado con sus actos lo que la guia en sus empresas. Tiene siempre en sus libios el de- recho, no consiguiendo nada sino por la fuerza: todo su derecho se ha reducilo entre tanto, 4 mover ejér- citos formidables y atacar 4 un venerable anciano; para lo cual, no era necesario por cierto estar urdien- do por muchos aiios tela de falsedades, recamada de mentiras y ficciones, y orlada de una repugnante hipocresia, 4 fin de delinear en el lienzo principios de un derecho que no es el que Dios ha publicado, y que el Vicario de Cristo no podia ménos de anate- matizar, como ahora lo veremos en dos extensas con- sideraciones, £ “x Doctrinas subversivas. Antes de deslindar dos campos, es necesario ver qué bandera tiene cada uno de ellos: hemos de Ile- gar 4 uno, en el cual ondea un pabellon con color blanco, emblema de santa sencillez, y otro amarillo ae) ee Shibies

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