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e F 147 miles de bombas y morteros para marchar contra la Prusia, para impedir que el principe que Espaia se queria dar por rey, franquease los montes del Pire- ne. Y hé aqui, que esta nacion inclita, lanzada al combate por faltar 4 su nuevo derecho de no inter- venir, se ve 4 los pocos dias como estupefacta, y sin saber lo que le pasa: un emperador cautivo: tres- cientos mil soldados prisioneros: las fortalezas in- -conquistables tomadas, la gran metropoli, que se Hla- maba el alma del mundo moderno, estrechada por un asedio de hierro, acosada por el hambre, ataca- da, bombardeada, comiendo pan negro, devorando carne de caballo, matando el hambre con carnes de animales inmundos, y no viendo en aquellas plazas y calles, donde antes se oia el canto de la citara y del harpa, sino espectros de muerte, silencio, palidez, es- tallidos de bombas, crugimiento de edificios que caen con estrépito, la muerte misma, la hérrida parca, que con guadafia feroz esta segando los vivientes, y pre- tende hacer de esa gran ciudad un inmenso montonde _ ruinas-y eadaveres. Y esto se prolonga, sin que haya un rey 6 emperador que diga: énfervencton; mientras que no faltan quienes miran la ruina de ladlamada Babilonia moderna, y dicen con una especie de ale- gvia desdehosa: abandonémosla d su suerte. {Quién no advierte estas coinvidencias de los acontecimientos? ,Quién no ve en estos los males que causa 4 la sociedad la doctrina contraria al Evange- lio? No habia intervencion, cuando se iban arreba- tando sucesivamente al Sumo Pontifice sus provin- cias: no la habia, cuando el pueblo de Italia arrojaba 4 los principes legitimos de sus tronos: no la hubo, y si un abandono desleal, cuando estaba concentran-
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