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141 na constituian su derecho brutal en la voluntad de un pueblo ignorante, y embriagado en las orgias que le procuraban los revoltosos, para que, al derrocar ellos 4 un rival y apropiarse el ejercicio del poder, hubiese una vocingleria confusa, que digera, Si? En todo esto hay, clara ya y manifiesta, una in- fraccion solemne, europea, social, del derecho divi- no, natural y de gentes; haciéndose participes y soli- darios del mismo crimen todos los que son ministros del Rey de los cielos, y han recibido de él la espada que cifien para mantener la justicia en la tierra. Y no es esto un secreto de la politica, escondido entre los repliegues de negociaciones fementidas y traicio- neras;es un hecho conocido de todos, que se han planteado semejantes doctrinas para llegar 4 consu- mar el atentado cometido en veinte de Setiembre; _ pues nadie hay que no haya visto 4 los principes del mundo estarse con los brazos cruzados, cuando se — despojaba al Vicario de Cristo; mientras que se han puesto en movimiento activo, y sin ser llamados, cuando han creido que se podia atentar, siquiera muy 4 lo léjos, no ya contra sus derechos, existentes mal .6 bien, sino contra sus pretensiones de preponderar en fuerzas materiales y morales, y de tener 4 otras naciones uncidas 4 su carro; como si el alma de la ci- vilizacion viviese en sus alcazares, y como si el érden de la sociedad debiera mudarse con un fruncir de sus cejas. Trataremos en el lugar que les hemos destina- do, (1) de la iniquidad que encierran estos principios; pero no podemos ménos de decir aqui, que todo hom- bre honrado se conmueve al presenciar este modo de (1) Capitulo VIII,

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