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140 creerlas y obedecerlas? Verdad es que, quizis un principe bueno y piadoso lavé con su sangre la man- _ cha de sus mayores, inclinando su cerviz augusta al mandato inicuo de un verdugo. Pero jqué! jno se hi- cieron solidarios de ese atentado otros rectores de pueblos? ;No esta consignado con grandes caracté- res en varias legislaciones el imperioso veto, que no deja pasar de Jas fronteras nacionales las Constitu- ciones Apostélicas para el bien espiritual de la Igle- sia universal? yNo se conservan impresas las huellas que Pio VI seiialé con sus plantas en los caminos que guian 4 dos Vienas, 4 la una de las cuales fué para rogar a un emperador que anulase aquellas ordenan- -zas, que convertian la Iglesia en esclava, y hacian de las cdmaras episcopales oficinas imperiales; siendo -conducido 4 la otra para entregar su alma 4 Dios en medio de una nacion que habia prohibido hasta pro- nunciar su nombre incomunicable, y habia sustitui- do los emblemas de su adoracion con los que sig- nificaban las inmundicias de la corrupcion? ,No se esta llevando 4 los tribunales 4 los Obispos que dan publicidad 4 las Letras Apostolicas relativas al dogma y disciplina de la Iglesia, al mismo tiempo que se di iimplia libertad para que las publiquen los diarios, y para que algunos las comenten con sarcasmo, ¢ insul- ten al que hace las veces de Dios en la tierra? ;No estan palpitando ahora mismo esas doctrinas nuevas sobre la legitimidad legal de los hechos consumados, sobre la no intervencion en los negocios de los pueblos, y ese derecho novisimo llamado el plebiscito; derecho que es el bardmetro del descenso de la civilizacion, y de un retroceso 4 los tiempos de la barbarie, cuando - los trastornadores y revoJucionarios de Grecia paga-
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