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RT ie t ¢ 5 z & 3 139 toria esta hablando, y anunciando enlo que va expues- to, el cumplimiento de una sancion del cielo. No con- fiesen eso, norabuena, los diplomiticos, cuya lengua se paraliza delante de altas consideraciones de Estado; pero debemos decirlo los que no debemos conocer mis reglas de diplomacia, que las que prescribe el Evange- lio, donde estan consagradas y sancionadas todas las leyes del derecho natural y de gentes, con arreglo al cual se han de manejar los reyes en el gobierno de sus pueblos en el orden teinporal, y las del derecho divino, al cual deben conformarse-en un todo los - principes cristianos en las relaciones que ha de con- servar con la Iglesia y su cabeza visible. Diremos por tanto lo que se entreve en esas guerras fratricidas y en esas conmociones espantosas. Hay un reato publico, nacional, europeo, de aten- tados y crimenes cometidos contra el Vicario de Cris- to, que todavia esté en pié. Dios es vengador de las injusticias, ylo es, como dice un Profeta, con furor. (1) Pues jqué! jse puede olvidar el Sefior de las artes malignas que se estin empleando, hace ya dos siglos, por los grandes del mundo, para poner valladares 4 la libertad é independencia que Jesucristo dié 4su Vi- cario para el gobierno y ensefianza de su Iglesia? ;No esta en pié aquella tentativa, ya vieja y caduca, y condenada ya tambien por el Espiritu Santo en el dia para siempre imperecedero del diez y ocho de Ju- lio de este afio, de levantar-4 los Pastores contra el Pastor universal, y decirle que si ellos no consentian en sus decisiones dogmatieas, no tenian la fuerza mo- ral bastante para entrahar obligacion intrinseca de (1) ‘Nah., ‘cap. 1, -v.-2.

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