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* 136 dos de la Catedra romana: era una pesadilla que no dejaba reposar 4 los politicos afilosofados: era un baluarte que no podian conquistar, y se juré extin- guirla. O erlinguirla, 6 sufrir una catastrofe en el domi- nio temporal, fud el gvito de la conjuracion, y el tema — que se repitid en cien misivas al Vicario de Cristo. Hay nombres que no se pronuncian sin que vengan 4 la memoria ¢pocas tristes para los reyes: Du Choi- seul, Pombal y Aranda son sinénimos de gabinetes filosdficos, de cértes voluptuosas, de alcazares rebel- des 4 las instituciones catélicas, y de monarquias en decadencia moral y religiosa. Veian ellos lo que ha- cian, sorprendiendo corazones generosos de reyes, pero llenos de marasmo; y no verian lo que por su culpa habia de sobrevenir 4 los hijos y nietos de es- tos potentados. La violencia hecha al Vicario de Cris- to habia caido bajo la inexorable ley de la expiacion: Ja sancion penal habia de producir sus efectos. Y ;quién no ve que Dios mandaba 4 una isla que diese 4 luz al que iba 4 ser el instrumento de su justicia, irritada contra los reyes? Antes que ese jé- ven guerrero ciflese su espada, estaba escrito un de- creto contra los transgresores del pacto divino que decia asi: Vaya de mi presencia ese pueblo que me ha abandonado: salgan todos 4 su destino, dice el Se- hor, quien dé muerte a muerte: quien d espada d espada: quien & hambre & hambre: quien @ cautiverio a cautive- rio. (1) ;Cabe acaso en el érden de las cosas huma- nas, que las monarquias mejor cimentadas, cimenta- das en el amor de sus pueblos, sostenidas por ejér- citos numerosos y temidas de toda la tierra, cayesen (4). Jer., cap. XV, vv. 2,3.

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