BCCPAM000258-3-12000000000000
E 135 el imperio romano perseguidor de Cristo; los arabes yenidos del Sur para azotar al pueblo cristiano enti- biado en su fervor en los goces de la paz; y otros mu- chos hombres que de vez en cuando se presentan, llenos de fuego, de actividad, de ciencia y de virtud unos, feroces y turbulentos y ambiciosos otros, aque- llos para restaurar la piedad, y estos para castigar a reyes y pueblos. Y jqué! ;Creerémos, que aquel que al principiar este siglo se presenté en los ais flo- ridos de su edad, victorioso como Julio César, atre- vido como Annibal, ambicioso como Alejandro, y destructor de tronos como Nabucodonosor: que ese hombre extraordinario, que con una sola batalla ga- .naba una corona, y se divertia en quitar reyes co- mo un maestro de escuela en dar castigos 4 sus alum- nos, no fué un enviado de Dios para vengar su jus- ticia? Para saberlo, no hay més que examinar lo que pasé antes que él viniese al mundo; y entoncesse vera palpable la existencia de un decreto celestial de ex- piacion, la ejecucion de una sancion penal no publi- cada en leyes escritas, pero existente en los consejos de la Providencia, y vista clara y palpablemente en los acontecimientos piiblicos. Todavia no habian pa- sado cuatro décadas desde que los reyes de la tierra se habian ligado contra el Sumo Pontifice, para obli- garle con una presion politica de la mayor rudeza, 4 que eliminase de la Iglesia catdlica la milicia mas herdica y aguerrida que se habia formado en su seno en los tiempos modernos, contra la heregia y la im- piedad. La habian mirado con horror en su cuna Lu- tero y Calvino: causaba espanto 4 los que con una ciencia hipdcrita querian eludir los preceptos emana-
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz