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- 429 miento se ve en las palabras terribles del Profeta Je- remias. Oiga el rey de Juda, decia este Profeta, oi- gan sus siervos y todo el pueblo: obrad con justicia y equidad: librad dela mano del calumniador al oprimido por la fuerza: no atormenteis al forastero, al huérfano y dla viuda, ni los oprimais tnicuamente, ni derrameis la sangre inocente en este lugar. Oigalo el rey, y sus gran- des, los que van en carrozas, los que cabalgan en alazanes, y el pueblo entero: si continuais viviendo como hasta aqui, dice Dios lo que sigue: he jurado por mi mismo, que esta ciudad ha de quecar desterta, (A). Esta es la ley de cuya sancion no se libran los pue- blos. Las calamidades piblieas, 6 son avisos paterna- les de la Providencia, 6 castigos que envia por los pe- cados del pueblo: el que fundé la sociedad sobre bases inquebrantables, para que el linaje humano fuese fe- liz en la observancia de su ley, establecid tambien el equilibrio de los elementos, para que con sus suaves influencias se conservase y robusteciese la salud publi- ca; y él es tambien quien los descompone, para que reinen aires infectos, 4 cuyo pernicioso contacto se Henen de Gleeras los mortales, reinén enfermedades devoradoras de Ja vida humana,y bajen los vivien- tes por millares 4 la region del sepulcro. El es quien did &-las naciones leyes fundamentales é indefec- tibles de-un equilibrio fundado en los principios de justicia y de derecho; y él es tambien quien permi- te que se levanten en tumulto las pasiones de los poderosos, para que, obcecados en proyectos de am- bicion, se arrojen con furia sobre sus antiguos alia- dos, 4 se erijan en tirahos que destruyan pueblos y (1) Jer., cap. XXII, vv. 3, 5.

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