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127 por el reino de Dios, sin que reciba muchas cosas mds en ‘este siglo, y la vida eterna en el venidero. (1) Paralela 4 esta sancion de la piedad divina esta tambien la penal, para los que ejercen altas dignida- des en este mundo; decretandose los castigos que les han de sobrevenir en el tiempo, sin perjuicio de los que se les-reservan en aquel tiempo interminable, 4 cuya primera entrada tendran un encuentro horren- do y pronto, como dice el sibio. (2) Hay esta sancion penal para el gran Sacerdote; pues Je amenaza Dios con privarle de su culminante dignidad, trasladindo- _ Ja 4 quien mis fielmente le sirva, y permitiando que quien falté a este deber, caiga en tanta miseria, que'al ofrecer una torta en oblacion santa, pida un pedazo de ella por caridad, para poder comer un bocado y no morir de necesidad; y hay que advertir que, al ma- nifestar Dios el decreto de su justicia, dice estas pa- labrasz lodo el que me honrare serd honrado; pero el que me despreciire, lerard sobre si el sello de la innobili- dad. (3) La misma sancion hay para los reyes; pues no los establece en su reino cuando se portan nécia- mente; (4) trasladandolo 4 quien reine segun el co- razon de Dios; y los arranca de su sdlio, permitien- do que mueran sin que haya quien los lore, y que sean enterrados 4 manera de un asno, (5) 6 mandando que los arrojen de la sociedad y los aten con cadenas como 4 una béstia, y coman heno como ellas, y duer- man 4 la inclemencia, hasta que conozcan que han (1) Lue., cap. XVII, wy. 29, 30. (2) Sap., cap. VI, v. 6. (3) T, Reg.; eap. IL, vv. 30, 36. (4) Ibid., cap. XII, v. 13. (5) Jerem., cap. XXII, vy. 18, 19,

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