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§. II. La sancion del cielo. -Apénas hay una ley a Dios dada 4 las criaturas racionales que no tenga su sancion, ora para premiar su observancia, ora para castigar sus infracciones; y tanto las recompensas, como los castigos, parte abra- zan el tiempo, parte la eternidad, y unas de aquellas y muchos de estos se prometen al individuo, otras y otros al individuo constituido en dignidad y preemi- nencia, y ambas cosas ‘ los pueblos y naciones en masa, Para.asegurarse de esto, basta tomar enlama- . no los preceptos del Décalogo, en el cuarto de los cuales leemos que manda Dios al hijo que honre 4 sus padres, aiadiendo que haciéndolo asi, vivira lar- gos aiios sobre la tierra: (1) hé aqui una recompen- sa temporal. Recompensas, temporales tambien y muy grandes, prometié Dios 4 la nacion entera de Jacob, cuando la dijo estas palabras: si oyeres mi voz, é hicteres lo que te prescribo, seré-enemigo de lus enemigos y afligiré & los que le persigan, y le acompaiard siempre mi dingel. (2) ,Qué mis? Hasta Jesucristo que convi- da 4 los que le siguen con los bienes inefables del otro mundo, promete 4 los que le imitan con perfec- cion una retribucion temporal, pues dice estas pala- bras: nadie deja padres, 6 hermanos, 6 mujer, 6 hijos,. (1) Deut., cap. V, v. 16. _ (2) Exod., eap. III,v XX. 23.
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