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124 Adviértese muy 4 las claras en estos eventos cuil es la voluntad de Dios; y si bien no habla ya como . hablo a los Profetas, porque por medio de su Hijo did ja altima palabra de la revelacion; no por eso de- _ja de dirigirse al mundo con lenguaje expresivo facil de entenderse; y por él aparece claro como la luz de mediodia, que no es voluntad del cielo, que el suce- sor de San Pedro sea stibdito, sino rey. Y debemos" tener entendido, que en cuanto pertenece al derecho ~ natural y de gentes, la revelacion positiva la hizo Dios en las alturas del Sinai, publicando los diez precep- tos del Decalogo, cuya segunda tabla es el fundamen- to de todo derecho publico; derecho que, lo decimos de nuevo, no forman radicalmente ni los reyes ni los pueblos, pues no hacen estos mas que examinar los hechos encadenados por la série de los tiempos, y ver que estan conformes con los principios de justi- cia eterna; convenir en que ese, y no otro, es el de- recho de gentes, y decretar con unanimidad que, cualquiera otro derecho que intenten formar los hom- bres, que no esté conforme con esos principios y con lo observado siempre por los reyes y los pueblos, no es derecho, ni justicia, sino vivlencia brutal é iniqui- dad. Dios, por tanto, no ha de hablar mas en ese particular: hablé una vez por pura misericordia; pues en rigor de justicia, no estaba obligado 4 dar una ley positiva, cuando esta estaba escrita en los corazones frontasen segun reglas etnogriificas su nombre con el del hi- jo de perdicion, que lo tomar de su padre, y dijesen que de Napoleon & Apollion apénas habia diferencia radical, Se en- gaiaron sin embargo: Waterld y la roca de Santa Elena des- mintieron sus conjeturas, hijas del espanto que aguel hom- bre produjo en el mundo.
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