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los dogmas sobre las naturalezas divina y humana de Jesucristo, prescribiendo que todos sigan su doctrina. Todo esto permitié Dios en los siglos que vieron los funerales del imperio romano y referian su re- ciente ruina; y estos sucesos, y otros muchos que la- historia nos refiere, dicen en voz alta, que Dios no— queria que su Vicario estuviese sujeto 4 ninguna po- testad terrena en lo temporal, para que pudiese ejer- cer con toda independencia su jurisdiccion espiritual en todo el orbe. Y, aun despues que Cristo se dignd enriquecer 4 su Esposa con bienes temporales, co- mo dice Nuestro Santisimo Padre en su citada Enci- clica, dando 4 su cabeza visible, campifas, aldeas, castillos, villas, ciudades, provincias y un cetro glo- rioso, zno hemos visto que los Sumos Pontifices han tenido que combatir contra agresores hereticales de su potestad espiritual, y que otros han pretendido ejercer sobre ellos una presion moral, trasladando su residencia 4 una de sus provineias; mandando en los conclaves, para no tener Papa que no fuese uno de sus stibditos; renovando asi una era nueva del cauti- verio de setenta aiios de la antigua sinagoga, enla ley de gracia; abriendo el camino 4 un cisma de cincuen- ta aos, y el mas deplorable todavia, para las doc- trinas que han turbado los entendimientos, hasta que el Espirita Santo hablé en el Concilio Vaticano el dia de eterna memoria de diez y ocho de Julio del presente aio? Tambien hablan altamente estos acon- tecimientos que Dios permitid, y dicen 4 todo el que pretenda tener alguna filosofia cristiana, que no era voluntad suya que el Principe visible de la fe fuese stibdito de nadie. La historia de los nuestros es mas elocuente todavia, como lo veremos ahora.

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