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is ; ' & i 417 enemigos ante una potestad, que sacrificd su con- ciencia 4 miras politicas, y obrando en contradiccion con sus convicciones, condend al inocente y se echd en brazos de los malvados: ademiis, tambien permitid que lo condujesen al tribunal de un rey licencioso, que hubiera tenido mucho gusto en ver algun milagro del célebre reo; pero que no lo hubiera tenido menor en hacer con é1 Jo que hizo con el Bautista, si una bai- larina pedia la gracia de que se le regalase su cabeza. Hé ahi la historia de la Iglesia; y asi como en la metrdépoli de la nacion que profesaba en tiempos an- tiguos la religion verdadera, existian hombres como estos, no habian de faltar quienes se les pareciesen en el cristianismo. Hombres de toga y espada que tratasen 4 los sucesores de los Apdstoles con la se- veridad que merece un criminal, tan solo porque ve- nia de arriba una voz que decia: si dejais libre d ese, no sots amigo del César: monarcas, que concederian a los Obispos con gran gusto, que hiciesen las obras mis portontosas, con tal que no les dijeran a ellos, sino cosas agradables 4 su orgullo y vanidad, como los falsos profetas de Acab, pero no la verdad: todo esto habia de haber en el seno de las naciones catdlicas, lo que por cierto, no ignoraba Jesucristo. Bien veia el Sefior, cuando decretaba que su Iglesia, sus Pastores, y sus ministros, fuesen independientes de toda autoridad terrena, para ejercer las funciones de su ministerio sagrado, que aquellos habian de ser atropellados y encarcelados en todas las partes del orbe; pero sabia tambien, que estas tropelias parcia- - les influian poco en la Iglesia universal; porque por estos hechos aislados, y aun cuando mueran los Obis- pos en la cdreel, 6 en el cepo, no pierde esta it su

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