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7 que cl Episcopado equivalié al martirio por espacio de los cuatro primeros siglos de la Iglesia; que despues, salvas algunas excepciones, ha sido casi siempre un martirio lento; y que-han legado épocas en las cua- les un Obispo es como un soldado, que esta siempre en la brecha, macilento, por haberle quitado cl pan sus enemigos, pero intrépido, combatiendo contra ellos, ... Ilemos visto, en efecto, 4 los Basilies y Crisésto- mos, desterrados por capricho de un emperador, 6 porque sus predicaciones apostélicas no agradaban 4 una emperatriz, relegados 4 la Armenia6 al Pon- to. Ilemos visto 4 un Estanislao de Cracovia, tratado de usurpador del bien ageno por un rey impio; 4 un Toribio de Lima, acusado por los émulos de su virtud y los enemigos de su autoridad, de tirinico en su go- bierno, de arbitrario, y de malversador de los bienes de la Iglesia; y 4 otros hermanos suyos en el Episco- pado detenidos sin saber por qué, despojados de sus papeles, Ievados como reos, encerrados en una car- cel con centinelas de vista, sin mds que por puras arbitrariedades y por informes falsos y calumniosos. Los vemos procesados y condenados 4 penas gravi- simas, tan solo porque ensefian la doctrina catélica, 6 porque cometen el gran crimen de decir a los po- tentados con libertad apostélica, lo que nuestro gran Osio dijo 4 Constantino, 4 saber: que no se entrome- tiese en cosas eclesiasticas, pues los castillos eran su- yos, pero las Iglesias eran de los Obispos. Nada del porvenir de la Iglesia se ocultaba a Je- sucristo, quien, ademis, quiso, en cuanto hombre, pasar por la experiencia de Jo que suelen ser las po- testades del mundo respeeto de los sucesores de los Apdstoles. Tambien él quiso que lo -presentasen sus

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