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Ait por medio de su Hijo la redencion del mundo, tenia decretado desde la eternidad, que esta obra de su amor y su omnipotencia darase en si y en sus efec- tos por toda la série de los tiempos presentes, y de los venideros, que no tienen fin. Yo conservaré para siempre con él mi misericordia, decia el Senor por el Profeta, hablando sobre el tinaje humano redimido, y mi lestamento ha de permanecer inviolable: y haré que su semilla dure por los siglos de los siglos, y que su trono sea como los dias del siglo. (1) Noo hay para qué decir, que la conservacion de la obra-de la redencion, de- pende inmediatamente dela omnipotencia de Dios; pero tambien debemos tener presente, que para esta conservacion emplea asi mismo las causas segundas, y se sirve de la accion y cooperacion de los hombres. Véase, si no manifesté Jesucristo con toda claridad que ese era precisamente su designio: dijo 4 sus Apéstoles, al separarse de ellos para ir al cielo, que ensefiasen lo que él les habia mandado, y que estu- viesen seguros de queél estaria con ellos hasta el fin del mundo. (2) Ahi esta el gran secreto de Ja Provi- dencia: asi como Dios hecho hombre no quiso salir i combate con, el enemigo, descubriéndole la gloria de su magestad infinita, y lo vencid, no presentando- le sino ladebilidad de nuestra naturaleza; (3) asi tam- _ bien, para conservar contra sus ataques el fruto de esta obra admirable entre los hombres, se habia de servir de instrumentos déciles por su naturaleza, pe- ro fuertes con la graeia de Cristo, y poderosos, como dice el Apdéstol, para la destruccion de las fortalezas (1) Ps, LXXXVIMN, vv. 29, 30. (2) Mat., cap. XXVIII, v. 20. (3) S. Leo Mag., Serm, 41 de Pass. Dom,
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