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4110 ve, no guidndola é}, sino'los marineros. ;Qué adelan- ta con que se Hlame 4 su persona inviolable, cuando tiene violada su voluntad legalmente? Nada: esas son palabras huecas, que no tienen sentido. Si en las soberaias de los reyes hay este derecho; en la que Dios ha dado al romano Pontifice existe ese mismo derecho para un objeto mucho mas trascen- dental que el que tienen los otros principes. Estos lo tienen para procurary conservar el bien ptiblico de su pueblo; pero aquel lo tiene por voluntad expresa_ de Dios, para conservar el bien publico temporal y eterno que Dios ha dispensado por medio de su Hijo d-los hombres. Ese bien publico es por su naturale- za espiritual; pero jqué! po Sea espiritual , e- ja de ser para el tiempo, asi como es para la eterni- dad? Gran monstruosidad seria por cierto, que entra- se el hombre en Ja region de la vida interminable, sin haberla empezado: mayor seria en el 6rden dela _ justicia que alegase derecho & presentarse en los li- — mites que separa al tiempo presente del futuro, y 4 entra? en Ja region de la luz de la eternidad, no ha- biendo querido dar ni un solo paso en esta vida guia- . do por la lumbre celestial, sino por los caminos te- nebrosos de la mentira y de los vicios. El beneficio de la redencion del mundo es el verdadero bien pi- blico, temporal 'y eterno que Dios ha hecho 4 todo el linaje humano. Esta verdad por lo mismo nos abre el camino 4 las consideraciones mis grandes respecto del objeto altisimo que tiene la soberania temporal del romano Pontifice, que no puede ser meditado, sin que se vean de una manera palpable los desig- nios de la Providencia de Dios. Es una verdad de fe divina que, al ejecutar Dios
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