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109 Pero hay ademis en el derecho ptiblico, que ha ido dando sucesivamente una estabilidad inviolable 4 la dignidad Real del romano Pontifice, una significa-_ cion sublime, la cual, bien meditada, nos conduce a entrever algun designio admirable de la Providencia divina. Péngase ante el espejo de la ley eterna el ob- jeto inmediato que tiene el derecho con que los reyes y potentados imperan; y se vera que consiste aquel en que estos posean toda la independencia y toda la- fuerza de accion, que son necesarias para promover y mantener el bien temporal de los pueblos que la Providencia les entrega para que los gobiernen. ,Hay acaso posibilidad logica de gobernar & un pueblo, si su rey, 6 su principe, 6 su jefe no goza de las prero- gativas esenciales de la soberania? yHay gobierno po- sible alli, donde el soberano reina y no gobierna; por la sencilla razon de ser los hombres los que se go- biernan a si mismos, no siendo aquel sino un simple ' delegado del pueblo, que tiene sobre si una presion continua que le obliga 4 confirmar lo que el pueblo sanciona, so pena de ser arrojado de su sélio, si rei- tera dos veces su negativa? Demasiada experiencia ' tiene ya la sociedad, de cudn ingobernables se han vuelto los pueblos que han introducido en su seno este nuevo modo de ser gobernados. El principe de- ja de serlo en realidad, cuando para gobernar 4 su pueblo necesita de un vasallaje que se llame legal, y queda reducido 4 ser como una especie de maniqui, al cual por medio de resortes se le hace mover la ca- beza, para que en lenguaje mimico diga si 6 no. Es un padre rodeado de hijos, pero sin patria potestad: es un capitan de una falange, pero sin poder mandar d-sus soldados: es un piloto que va mandando su na-

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