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: 107 sentaba al redentor futuro; porque veian que ningu- no de ellos podia reunir en si las dos dignidades, ni representar lo que él representaba. Y este, y no otro, es el origen del derecho publico, que reiné en la so- ciedad cristiana por espacio de diez siglos, de haber hecho los reyes al Vicario de Cristo arbitro de sus querellas, juez de sus contiendas, dispensador del ‘derecho de posesion en continentes¢ islas descubier- tas, y centro de union de todos los monarcas, para defender la justicia y el derecho cuando se viesen ata- cados injustamente. Facil les es 4 los eseritores de historias anti-catélicas pretender borrar esta sublime filosofia, diciendo que aquellos tiempos eran de hier- ro; pero la verdad no es esa: la verdad es, que aun en aquel siglo décimo del cristianismo habia en la Iglesia y en todos los reinos cristianos un conoci- miento muy profundo de las ciencias, del cual care- ce nuestro tiempo, y mucho mis el siglo actual, ver- daderamente siglo de hierro; que todo el saber de nuestra época se reduce 4 la filosofia del metal ; pues- to que el mover mucho para'caminar, y el inventar medios para matar mil 6 dos mil hombres en un mi- nuto, lanzando de bocas de hierro mil proyectiles de hierro, y el buscar y.amontonar plata y dro para ani- quilar el espiritu entre los placeres de la sensualidad, constituyen la ciencia, verdaderamente nada sublime y nada espiritual, sino muy baja, muy material y muy férrea de nuestros dias. Se notan en la historia del mundo ciertos hechos que, por ser comunes 4 todos los pueblos, llevan en si mismos un caracter de universalidad, y entrafian una significacion misteriosa. Cuando se ve estableci- do en todas partes un derecho publico, que es la nor- 8

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