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Z 106 veian cuantos asistian 4 su muerte; pero la grandeza de su Sacerdocio, la virtud del Sacrificio, sus efectos inefables, y aquella union intimaé inseparable que tenian en su persona divina y en la naturaleza huma- na la dignidad Real y la Sacerdotal, eran secretos que él solo conocia entonces, y se harian claros y mani- fiestos despues 4 cuantos creyesen en él. ‘ _ Esto ereyeron los Apdéstoles y con ellos lo creyé siempre la Iglesia catdlica: esto mismo anuncid Dios al mundo entero, presentindole aquel gran tipo de los tiempos de Abraham, el cual aparecié en la so- ciedad, sin que la historia refiera su genealogia, (1) y se dejd ver-como figura admirable de Jesucristo, rey inmortal de los:siglos;y-al mismo tiempo Sacer- dote eterno. Solo e rey de Salém entre todos los re- yes del mundo es rey, con poder temporal para tener sttbditos, y Sacerdote que ofvece sacrificio y bendice a los demas reyes, enapezando por el primer gerarca de la dinastia mis gloriosa que ha habido en la tier- ra; rindiéndole este por si, y por todas sus sucesores en la monarquia, vasallaje y tributo. (2) Sabian esto aquellos reyes que cifraban todas sus glorias en ser catélicos; no ignoraban que el romano Pontifice re- presentaba en la tierra al emperador del mundo y Sacerdote eterno segun el orden de Melquisedech; y al verlo decorado con el sumo Sacerdocio y Pontifi- cado soberano de la Iglesia por derecho divina, y re- vestido de autoridad Real por una disposicion visible de la Providencia significada en los acontecimientos humanos, se postraban ante él y se le hacian tribu- tarios, como Abraham lo hizo con el tipo que repre- (1) Hebr., cap. VH, v.38. (2) Ibid., wv. 4, 6. os

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