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104 . : oficio en la Iglesia de Cristo. Confesaban los reyes en esos hechos, que en el orden de las cosas humanas tenia aquella dignidad un principio nobilisimo en-su misma cuna, que ninguno de ellos, ni sus dinas- tias habian tenido. Tomemos, en efecto, los nombres de los monarcas mas ennoblecidos por su remotisi- ma antigiiedad, y examinemos las circunstancias de los acontecimientos humanos que los acompaiaron en-su elevacion al trono, y veremos en su parte mé- nos fea quizdis, el derecho de conquista; pero esto mismo es un derecho nacido y germinante en lagos de sangre, lo que no encontramos en la formacion de la monarquia de los Sumos Pontifices; pues no cau- saron jamas"ni una horfandad, ni una viudéz, ni der- ribaron aledzares agenos , ni tomaron reino de otro; antes por el contrario, se expusieron 4 peligros por defender al pueblo que era victima de vejaciones in- justas, gastaron en socorrerlo cuanto tenian, y die- ron su vida por él durante muchos siglos. Ademas, si : se abren los libros genealégicos de los reyes mis gran- des de la tierra, por larga que sea su ascendencia, al lin se llega 4 un nombre, cuya calificacion es Ja de un huno, un ostrégodo, un vandalo, 6 un hérulo, ve- nido del Norte, donde no se sabe si era un salvaje, 6 un asesino:Y por cierto, muy léjos esta de acontecer esto en Ja dinastia del Vicario de Cristo, cuya ascen- dencia va de un sdbio 4 otro, de un justo 4 otro ma- yor, de un Santo 4 un Martir, de un Mirtir 4 un Apés- tol, de Pio 4 Gregorio, de Gregorio 4 Alejandro, Ana- cleto, Leon, Clemente y Lino, de Lino 4 Pedro, de Pedro... jah! Al llegar aqui esta genealogia del Pon- tilice-rey, se abre un horizonte inmenso de luz, que deslumbra al hombre increyente, que no sabe fijar ae RR Ay Fi Sl 1 os

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