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102 pasa hyp * El derecho piiblicoy de gentes. Cuando la religion da vigor 4 las naciones, estas no pueden ménos de dar sancion solemne 4 las ins- -_tituciones fundadas en justicia y en derecho. Y esto sucedié con la dignidad Real del Sumo Pontifice; con- curriendo en ello circunstancias notabilisimas, que revelan en los reyes y pueblos la conviccion intima que abrigaban en su pecho, de que el soberano de Roma era mis rey que los otros reyes; que habia en su dignidad Real algo muy sublime que ellcs no te- nian; que era ¢l como el gran anillo de oro, del cual pendian todos los cetros, y que su trono ocupaba una promineneia, desde la cual en grados descendentes iban colocandose jos suyos. Para negar esto, como lo han intentado negarlodos hombres del derecho re- volucionario, es preciso diverciarse de toda la histo- ria; es preciso mas: es necesario condenar a las Ila- “mas las paginas gloriosas de la historia de todas las monarquias europeas, fundadas por los reyes cristia- nos, 6 mas propiamente dicho, por los Papas y los Obispos que dirigieron4 los monarcas en el espacio de muchos'siglos. Sino se deseubre esa sublime fi- losofia en los hechos de los reyes, no se hallara ja- mas la-clave para explicar por qué Clodoveo, primer rey cristiano de Francia y de Europa, envia al Papa su corona ysu espada, haciéndose tributario: por qué Carlo Magno sigue al pasar los Alpes las mismas huellas de Anibal, para volar con legiones ‘4 desha- cer al rey lombardo, que ha tenido la osadia de apli-

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