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a9 res en los jueces que Dios suscité por espacio de tres siglos, quiso que hubiese reyes como los: habia en otras naciones, quienes por derecho hereditario tras- mitiesen 4 sus descendientes el derecho de reinar y el cargo anejo de defenderlos de los enemigos. (1) Escogié Dios el rey, y lo mostré Samuel al pueblo, di- ~ ciéndole que viese cuin bello y bien formado era; pues- to que con gracia y gallardia Jevantaba su cabeza so- bre las de todos, no habiendo en el pueblo de Israel quien se le pareciese; y basté esto para que el pue- blo dijera: Viva el rey. (2) No faltaron hombres ma- los que dijesen, que aquel joven no los defenderia; pero esto no impidid que el ‘pueblo aclamase 4 su rey, le siguiese el ejército, y aquel le rindiese home- naje levandole regalos. Claro'esta en esto el instinto de los hombres que saben, sin que nadie se lo ense- he, que el rey es para defender 4 su pueblo hasta dar Ja vida por él. 3Es por tanto extraio que el pueblo ro- mano, atacado por los hunos y los lombardos, y aban- donado de los emperadores, comprendiese que el tinico que lo defendia era el Sumo Pontifice? ;No ha- bian visto 4 este los romanos ir hasta la‘alta Italia, para contener 4 Atila? yNo lo habian visto interpo- ner su mediacion para conel birbaro Genserico, su- plicéndole que no incendiase la ciudad, y cohibiese los excesos de sus soldados, no permitiéndoles matar 4 nadie ni cometer violencias de ninguna especie? Cuando acaecian en Roma estas desventuras, ha- bia en ella dos clases de ciudadanos: cristianos y pa- anos: aquellos sabian que por espacio de tres siglos los Papas habian sido los que, por cuantos medios te- ~ (i) T.Reg,; cap. VIII, v. 5. — eee (2) Ibid., cap. X, v. 24,
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